El arte no es reflejo de la sociedad tal y como pretende una teoriza bastante conocida y sin lugar a dudas un tanto simplista, aunque ciertamente si es un eco, una forma de manifestación compleja que no tiene nada de unívoco pero que a veces puede adquirir la forma de un grito, de un gesto o de una protesta mas elaborada, de un canto o de una danza. Es lo que hace Chiara Canullo Stefanelli, confrontada a un mundo mexicano cuya violencia hacia los grupos más vulnerables esta mas que probada. Las mujeres en particular, cuya cifra alarmantes de asesinatos deploramos. En enero de 2019 se contabilizaron en promedio 10 mujeres asesinadas cada día. Detrás de tales cifra existe una realidad cotidiana vivida por las esposas sometidas, golpeadas, violadas, abandonadas y que deben ocuparse ellas solas de los hijos y del cuidado de la casa.
Es la condición de las mujeres lo que intereso a Chiara, esas mujeres que hallan las materias primas, el alimento, el agua tan difícil de obtener en ocasiones, agua que en sus propias palabras es “el elemento básico de la mayor parte de las tareas que las mujeres tienen que cumplir en su día a día”. Aquello que una socióloga o una economista escribe, una Artist lo muestra con los medios que le son propios. Chiara utiliza imágenes, instalaciones y su propio cuerpo a través del performance, así como elementos cargados de simbolismo: el agua y el fuego que aquí evocan el rio Fiolobobos, transcurriendo sin fin, como los volcanes, el Popocatépetl y el Iztaccíhuatl. Remiten al nivel mas ordinario . en el sentido de la filosofía del lenguaje ordinario inspirada en Wittgenstein- a las tareas domesticas ejecutadas por mujeres, fabricar y cocer las tortillas en comales, platos tradicionales sin bordes o bien, recoger el agua en recipientes de tierra o plástico. Sobre uno de estos fuegos la artista funde cera de abeja, sobre un comal hecho por ella misma y en una palangana recolecta la espuma de detergentes con la cual se lava después de haber limpiado el piso. “Para pasar de un acto considerado como de reproducción (limpieza) a uno de producción (artística)”, escribe, “la cera me pareció un elemento fascinante y rico, producido por seres tan trabajadores (las abejas) que nos hacen recordar la voluntad y la fuerza de las mujeres”. Acción heredera de la pionera Mierle Laderman Ukeles, autora de “Manifesto for maintenance art” (1969).
En la linea de lo que hoy llamamos ecofeminismo, Chiara establece el vinculo entre naturaleza y mujer, no para decir que esta ultima pertenece por esencia a aquella, sino que el combate de las mujeres para extraerse de su condición de ser dominadas por un sistema patriarcal estructural y opresor requiere de la defensa del medio ambiente y del cuidado de la naturaleza. Al interesarse en las mujeres mexicanas, la artista quiere hablar por ellas sin hablar en su lugar (confusión tan frecuente que prohibe todo movimiento de solidaridad con aquellas y aquellos cuyas luchas buscamos apoyar, ver el caso Robert Lepage). Con su cuerpo y palabras, una letanía que llega como el movimiento de una ola para denunciar el sexismo, la supremacia blanca, la infantilizacion de las mujeres, la violencia que se les inflige, etc., ella crea una escena de encantamiento que actúa sobre otros posibles mundos.

Gilles A. Tiberghien (traducción al francés por Fatima Rateb)

2019


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