“El hombre no es el único en hablar – el universo también habla – infijos idiomas”.
Novalis.

El paisaje no solo es algo que miramos, si no también un medio habitado por hombres y que refleja su cultura. Nos acercamos al paisaje con todos nuestros sentidos: la vista, por supuesto, pero también con el oido, el tacto, el olfato y hablamos tanto de Smellscape como de Soundscape, por ejemplo. El gusto es, de dichos sentidos, el menos requerido y sin embargo, el paisaje también es algo que se come. Ademas, muchos “cafés geográficos” les proponen a sus participantes experiencias gustativas tomando en cuenta que, para conocer un país, uno no puede pasar por alto el probar su comida.

En México, Benoit Billete, impresionado por la variedad de fauna y flora, tan diferentes de las que conocían en Europa, primero quiso trabajar sobre su diversidad. Al no ser botanista, renuncio rápidamente a este proyecto, interesándose en cambio en las plantas que se encuentran al rededor de San Rafael, el maíz de origen indígena y el plátano importado desde Asia: “dos ejemplos perfectos”, comenta, “de la problemática de una flora local que posee una resonancia mundial”.

Concentrandose en esas plantas, Benoit trabajo simultáneamente sobre us realidad concreta, su imaginería y sus nombres, pasando de una operación de transformación muy material a un juego de representaciones y por ultimo, a un enfoque mas poético, resultando estrechamente vinculados los tres niveles de intervención. Este tratamiento visual del plátano que va desde la publicidad del arte contemperando, lo defino sobre hojas de plátano secas, reiterando de cierta manera una proposición material por medio de un discurso icónico que hace hincapié en la vanidad de una obra cualquiera.

Palmeras de Indonesia, fotografiadas en Sulawesi durante un viaje anterior, fueron serigrafiadas sobre telas teñidas, sumergidas en baños de corteza de cedro, de aguacate y de hojas tales como el muicle. Las plantas, las imágenes, los colores y las palabras se responden. Como las palmeras, esta hierbas gigantes que a menudo confundimos con arboles, sus nombre se abren como abanico, se contraen o se expanden, se vuelven colas de pescado o bien palmas: “Palmea de las enaguas”, “Palmera de la jalea”, “Palmera enana”, “Palmera de abanico china”, “Palmera excelsa”, etc.

Esta botánica poética ha intrigado a Benoit Billotte, mas atento a los nombre vernáculos que a las denominaciones eruditas de la taxonomía latina. Ya era sensible a los nombre populares franceses como saule pleureur, griffes de la mort o trompettes du diable. Así pues, “corazón de res”,”sangre de dragón”, “bastón del emperador”, evocan formas y colores asociados a otros seres vivos y multiplican al nombrarlas, las especies que así son designadas. Bautizar plantas es como hacerlas proliferar en nuestro imaginario mientras dialogamos con ellas. En ese sentido, el artista, use o no las palabras, no es diferente de un poeta.

Gilles A. Tiberghien ( Traducción del francés por Fatima Rateb )

2019


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